
Me he comprado unas sandalias blancas con tacón de 13 cm y he soñado contigo. Realmente lo he recordado, te compré unos taconazos blancos cuando aún quedaban unos meses de pesetas, con aquel dinero que me encontré volviendo de la compra.
Tenías una sonrisa tan bonita, no dijiste nada solo me besaste en mitad el parque dejandome sentir el piercing de tu lengua EN PÚBLICO. Fue mejor que un millón de gracias, me sentí la niña más feliz del mundo.
El sabado siguiente nos quedamos solas en tu casa, creo que recuerdo cada instante aún. Llevabas el vestido blanco que tu madre no te dejaba poner sin pantalones, ese que dejaba poco a la imaginación, y yo mi inseparable minifalda negra y mi top militar. Las dos muy maquilladas como siempre.
…